Monografías

  • Varroasis: un nuevo problema parasitario para Chile

Resumen

Abstract

1.- Introducción

Existen numerosos ácaros que parasitan a los insectos y varroa jacobsoni es uno de ellos. Este ectoparásito afecta a las abejas (apis mellifera), produciendo una enfermedad conocida con el nombre de varroasis (Bailey, 1984).

El impacto de esta enfermedad depende del grado de infestación de las colonias de abejas. Así por ejemplo, una baja cantidad de ácaros causan pequeños daños, mientras que un gran número, puede llegar a producir la eventual muerte de la colonia (Moretto et al., 1991 a). Al introducirse por primera vez la V. jacobsoni en una región o país, la enfermedad se logra hacer evidente sólo a los 2 ó 3 años después de su ingreso. Esto se debe , a que en un principio existe una baja cantidad de ácaros, pero con el tiempo aumentan llegando a producir signos y síntomas evidentes de la enfermedad (Mehlhorn et al., 1986; Ritter, 1986).

En Chile hasta el año 1992, la presencia del ácaro no se había descrito en nuestros apiarios, sin embargo en 1988 se diagnosticó, por primera vez, en abejas ingresadas al país. Como la varroasis es la enfermedad más temible de la apicultura moderna, su hallazgo; ha producido gran preocupación en los apicultores y organismos encargados del control sanitario. Debido a ello, nos ha parecido de interés entregar a los Médicos Veterinarios una breve revisión de esta enfermedad parasitaria de las abejas.

2.- Historia

Originalmente la V. jacobsoni se encontraba sólo en la abeja asiática (Apis cerana), sin ocasionarle problemas. Esta abeja además de ser naturalmente resistente al ácaro, tiene la característica de poder removerlos de su cuerpo, mediante sus patas y/o piezas bucales. Sin embargo, la varroa cuando entró en contacto con la abeja europeo–africana (A. mellifera) le ocasionó serios problemas, ya que la especie no tiene la capacidad de poder limpiar de su cuerpo los ácaros. El parásito se propagó rápidamente en las abejas A. meIlifera, por toda Europa, Africa, Norteamérica y Sudamérica, constituyendo actualmente el mayor peligro para la apicultura en dichas regiones (Ritter, 1986; Boecking y Drescher, 1991; Moretto et Al., 1991 a– b).

3.- Biología de V. Jacobsoni

El ácaro parasita tanto a las abejas adultas, como a sus crías, ubicándose generalmente entre las escleritas de tórax y abdomen. Se alimenta de hemolinfa, determinándose un consumo de 0,1 mg en sólo 2 horas (Ritter, 1986).

Las hembras maduras tienen un color café rojizo. Una vez fecundadas se dejan caer desde el cuerpo de las abejas, para introducirse a las celdillas de las crías antes de ser selladas. Aquí se alimentan de la hemolinfa de las larvas, y a los 2 a 3 días de ocluirse la celdilla, estimulada por una hormona producida por las crías, comienza la oviposición. La hembra pone varios huevos a intervalos de 30 horas por cada uno. El primero de ellos luego de una incubación de 24 horas, da origen a una larva la que pasa por 2 estados ninfales, que al cabo de 7 a 8 días, producen generalmente una hembra. Los ácaros machos provienen del segundo huevo, luego de una evolución más corta de 5 a 6 días. El resto de los huevos generan sólo hembras (Ritter, 1986). Sin embargo, otros autores dicen que el primer huevo origina machos y los posteriores dan origen a hembras (Campano, 1992).

La evolución más corta del macho y por ende la madurez sexual más temprana de éste, independiente de si se genera de un primer o segundo huevo, determina que toda hembra alcance a ser fecundada por él. Lo anterior permite una muy buena eficiencia reproductiva.

En su estadía en las celdillas sólo las hembras se alimentan de hemolinfa, pues los queliceros de los machos sirven exclusivamente para la transmisión de esperma (Bailey, 1984; Mehlhorn et al., 1986; Ritter, 1986).

Al momento de eclosionar de la celdilla, las abejas adultas ya tienen hembras fertilizadas de V. jacobsoni en su cuerpo. Estas acompañan a las abejas por 4 a 13 días, para luego dejarse caer nuevamente a celdillas de cría sin ocluir y reiniciar nuevas generaciones.

Los machos luego de aparearse con varias hembras pueden vivir por 2 a 3 meses en verano hasta por 8 meses en invierno (Bailey, 1984; Ritter, 1986).

 

4.- Epidemiología

La cantidad de huevos de ácaros depende en gran parte del tiempo en que las celdillas permanecen ocluídas. Mientras mayor sea este lapso de tiempo, mayor será el número de hembras que llegarán al estado de madurez para ser fecundadas. Así por ejemplo, las celdillas de los zánganos por tener un período de oclusión más prolongado que las de las reinas y obreras, presentan un número de varroas fecundadas mayor. Este factores importante, pues afecta directamente la población de ácaros en las colonias de abejas (Ritter, 1986; Moretto et al., 1991).

Así también, un factor que afecta directamente la población de ácaros en una colonia de abejas, es el porcentaje de varroas que se reproducen en celdillas de obreras, pues son estas últimas las que mayoritariamente difunden las infestaciones (Mehlhorn et al., 1986).

Estudios recientes han revelado que en el trópico y subtrópico de Latino América el porcentaje es menor con las áreas templadas de Europa y del Medio Este (Moretto et al., 1991).

Finalmente, por el desarrollo de la abeja, suele encontrarse un mayor número de ácaros en las celdillas durante los meses de primavera–verano y en abejas adultas en los meses de invierno, por disminuir la actividad de cría (Ritter, 1986).

En el mundo entero, epidemiológicamente hablando, la Oficina Internacional de Epizootias (OIE) en su código internacional zoosanitario, a la varroasis en lista B, definida como: 'Enfermedad transmisible que se considera importante desde el punto de vista socioeconómico y/o sanitario para las economías nacionales y cuyos efectos para el comercio internacional de los animales y productos pecuarios no son dañables. Por lo general estas enfermedades son objeto de un informe anual, pero en algunos casos, según la periodicidad prevista en las disposiciones de los artículos 1.2.0.2 y 1.2.0.3, pueden ser objeto de informaciones más frecuentes'. Así también, define un capítulo exclusivo a la varroasis, el que indica el período máximo de incubación, que es de 9 meses, sin incluir los meses de invierno que varían según el país, además de informar los requerimientos administrativos médico–veterinarios, para la importación de abejas o apiarios (OIE, 1991).

Esta enfermedad se caracteriza por no hacerse evidente en los primeros 3 años de infestación, lo que favorece su difusión a toda la población de abejas y otros apiarios libres del ácaro. Así también, se sabe que su efecto depende del grado de infestación en las colonias. Se ha observado que los primeros signos de varroasis aparecen cuando el número de ácaros es alto y esto ocurre en los momentos de mayor actividad de cría de una colmena, lo que corresponde a fines de primavera y principios de otoño (Bailey, 1984; Mehlhorn et al., 1986: Ritter, 1986).

El daño en las abejas adultas y sus crías está directamente relacionado con el hábito alimenticio del ácaro y sus principales efectos varían según el estado evolutivo que se encuentre parasitando.

En las crías el efecto puede ser inmediato o tardío. Lo inmediato se refleja por la muerte de la cría en la celdilla y la tardío se explica por la muerte de la abeja recién salida de la celdilla. En las abejas adultas se produce una disminución de la sobrevida, pérdida de peso y malformaciones como por ejemplo ausencia de alas y/o acortamiento del abdomen. Por otra parte la varroa puede ser vector de virus, bacterias y hongos.

Todos estos efectos sumados o por separado llevan a una menor cantidad de abejas y una menor producción de miel y subproductos. Sin embargo, su mayor daño se relaciona económicamente con la menor polinización de frutales y plantas productoras de semillas (Bailey, 1984; Mehlhorn et al., 1986; Ritter, 1986).

5.- Diagnostico

Uno puede sospechar de varroasis, cuando aparecen los signos y síntomas de la enfermedad. Sin embargo por aparecer éstos al segundo o tercer año de producida la infestación, es importante poder realizar el diagnóstico precoz de la infestación, para poder tomar las medidas preventivas (Mehlhorn et al., 1986; Ritter, 1986).

Este ectoparásito puede ser diagnosticado fácilmente por los apicultores y su personal, pues las hembras llegan a medir 1,5 mm de tamaño, lo que permite observarlas a simple vista en las abejas adultas. También se puede observar al microscopio ninfas del ácaro en las pupas de las abejas ubicadas en celdillas de cría (Mehlhorn et al., 1986; Ritter, 1986).

Un ejemplar de varroa, obtenido demuestras de abejas de la VI Región, fue fotografiado en el Laboratorio Fotográfico de la Facultad (Foto 1).

Foto 1. Ejemplar de Varroa Jacobsoni hembra, adulto. Recolectado de una abeja de la VI Región de Chile.

Para el diagnóstico preventivo de varroasis se recomienda recolectar una muestra superior a 100 abejas, siendo óptimo una muestra de 200 abejas. Estas se lavan y agitan fuertemente en un frasco tapado, que contiene una solución detergente. Luego se filtra en una gasa gruesa y se busca en ella la presencia de ácaros. También se revisa la presencia de ácaros en el fondo del frasco antes de filtrar, pues la varroa cae al fondo.

Otro procedimiento es usar sólo agua a presión en un frasco provisto de una malla fina en la tapa. Se procede a lavar a las abejas con un chorro de agua, el que libera los parásitos de su superficie y los hace caer en el fondo del frasco. Luego se filtra a través de una gasa gruesa, quedando las varroas adheridas a ella.

Otro método más de campo, consiste, en colocar una gasa en el suelo de la colmena y observar entre los detritus del colmenar, la presencia de varroa. Este método es muy útil en invierno por la escasa actividad de cría y la mayor mortandad de los ácaros (Bailey, 1984).

De todas maneras conviene enviar las muestras sospechosas a un laboratorio de Parasitología que tenga montada las técnicas (Laboratorios de Parasitología del SAG y de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. U. de Chile), ya que las personas no especializadas podrían confundir la V. jacobsoni con el insecto Braula coeca muy común en nuestras abejas.

6.- Tratamiento

Los estudios y recomendaciones apuntan al uso de productos especialmente formulados para las abejas. Estos son sólo efectivos para los estados adultos de los ácaros y requieren ser repetidos en forma periódica (Mehlhorn et al., 1986; Ritter, 1986; Kulincevic et al., 1991).

Existen numerosos métodos de tratamiento, siendo el más común la fumigación de las colonias. Otros sistemas incluyen la aplicación del producto sólo en los marcos, como tiras fumígenas en la entrada de la colmena o bien rociando a las abejas directamente. Mundialmente estos tratamientos con acaricidas se han agrupado en insecticidas de primera generación, acaricidas de acción sistémica o de segunda generación y otro de acción por contacto o de tercera generación. Cada uno de estos debe ser aplicado en forma regular con un intervalo que va de 7 a 60 días según el producto a usar.

Los principios activos en estos productos son: amitraz y otros muy semejantes, coumaphos, fluvalinato, etc., cada uno de un laboratorio diferente.

Como norma general los más utilizados corresponden a aquellos de tercera generación, los cuales se aplican como tiras de material plástico, en los marcos del colmenar, que al tomar contacto con la abeja, liberan su principio activo (fluvalinato). La ventaja de este tipo de acaricida es su alta persistencia (21 a 60 días), lo que determina una menor frecuencia de tratamiento.

7.- Control

Una vez introducido el agente a un país, las medidas de control van encaminadas principalmente a delimitar claramente las áreas o zonas de infección. Luego debe hacerse el tratamiento de los apiarios ubicados en esas áreas, legislar y tomar medidas que eviten su movimiento a zonas o áreas libres de varroa. Así también, es importante continuar con el control de aduanas y a las importaciones de abejas.

La mayoría de los actuales estudios de esta enfermedad se relacionan, en una u otra forma, con la generación de antecedentes que permitan el desarrollo de una mayor resistencia de las abejas al ácaro (Mehlhorn et al., 1986; Ritter, 1986; Moretto et al., 1991 a; 1991 b).

8.- Situación nacional

Nuestro país, hasta el año 1991, según OI E se clasificaba como un país con enfermedad no comprobada y que incluía medidas tales como prohibición de importación desde países infectados, cuarentena, precauciones en la frontera y sacrificio sanitario.

Es fácil visualizar la importancia que tiene el ser libre o no de este ectoparásito y de la enfermedad que él produce, si comprendemos que varroasis, desde el punto de vista del apicultor, es la enfermedad más temida. En Chile gran parte de la polinización de frutales y otros vegetales productores de semilla, ocurre gracias a la abeja, por lo que es de esperar que los fruticultores y productores de semillas en general estén muy preocupados.

Estudios realizados en el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) entre 1985 y 1986 indicaron una muy buena condición sanitaria en la apicultura. Ya en 1988, V. jacobsoni se detectó en abejas ingresadas ilegalmente desde Bolivia, lo que determinó que las autoridades de sanidad pecuaria realizaran un estudio en las abejas de más de 60 apicultores. Estos estudios entregaron resultados negativos a la presencia del ácaro, ratificándose la condición de enfermedad exótica para nuestro país (Peldoza, 1992). Sin embargo, en Marzo de 1992 aparece V. jacobsoni en abejas de la VI Región. Rastreos efectuados para cuantificar el problema, indicaron la presencia del ácaro desde la I a la X Región. Existen grados de infestación variables, encontrándose que la VI Región es la más afectada y que las Regiones VIII a XI se encuentran libres del ectoparásito (Peldoza, 1992). Las autoridades sanitarias del país piensan que actualmente estaríamos en el segundo año de infección dado que aún no han aparecido casos clínicos de varroasis. Esto determinó que fuera publicado en el Diario Oficial, el 4 de Septiembre de 1992, la resolución 489 exenta del Servicio Agrícola y Ganadero de la VIII Región, cuya finalidad es prevenir el ingreso de esta enfermedad en la zona (Ministerio Agricultura, 1992). Así también la autoridad sanitaria planificó un denominado 'Control emergencia¡ de varroasis', cuyo objetivo lo define en los siguientes términos: 'Mantener e incrementar la capacidad polinizante del sector apícola como también sus niveles de producción directa, a pesar de la presencia de V. jacobsoni en nuestro medio'. Para esto, la estrategia seguida ha sido un catastro obligatorio de apicultores, acompañado de un diagnóstico masivo y el cual incluye una supervisión general en terreno (SAG, 1992).

Por todos los antecedentes expuestos y dado que en este momento a pesar de encontrarse la V. jacobsoni en el país, aún no tenemos cuadros clínicos, se deben tomar todas las medidas de tratamiento y control necesarios, para mantener a nuestro país en esta condición. Sobre todo un control interno, del movimiento de apiarios (muy usado por los apicultores) de sectores positivos a sectores donde aún no existe y por supuesto los controles estrictos de aduana, capacitación y educación sanitaria de personal.

Los estudios que aún continuan y las medidas ya aplicadas en nuestro país, como el cuantificar niveles de infestación para conocer las regiones y/o localidades positivas a varroa y la importación certificada por el SAG de medicamentos de probada eficacia contra este ectoparásito, han permitido por el momento mantener a las abejas del país sin signos clínicos de la enfermedad.

Bibliografía seleccionada

1.

Bailey, L. (1984). Acaros parásitos. Patología de las abejas. Ed. Acribia. p. 75 – 77.

2.

Boecking, Q.; Drescher, W. (1991). Response of Apis mellifera L colonies infested with Varroa jacobsoni. Oud. Apidologie 22 (3): 237 – 241.

3.

Campano. S. (1992). La varroasis de las abejas. Parasitol. al Día 16 (3 – 4): (en prensa).

4.

Kulincevic, JM.; Rinderer, TE.; Miadjan, VJ.; Buco, SM. (1991). Control of Varroa jacobsoni in honey–bee colonies in Yugoslavia by fumigation with low doses of fluvalinate or amitraz. Apidologie 22 (3): 147 – 143.

5.

Mehlhorn, H.; Duwel, D.; Raether, W. (1986). Brutmilben (Varroa). Diagnose und thera–pie der parasiten von haus–, nutz–und heimtieren. Gustav Fischer Verlag Stut–tgart – New York: p. 424 – 426.

6.

Moretto, G.; Gonçalves, LS.; De Jong, D.; Bichuette, M.Z (1991a). The effects of climate and bee race on Varroa jacobsoni Oud infestations in Brazil. Apidologie 22 (3): 197 – 203.